<< Voy cuesta abajo, veloz, como un torrente en pleno
Abril - que vaya casualidad también, abril ataca con
su armamento de polen ahora mismo. Me pone mala.
Me pones mala. -.
Os juro que no sé que estoy haciendo, un chico con el que el
primer acercamiento se produce en mi más profundo estado
de ebriedad. Vamos que no me acuerdo de nada.
No puede ser más diferente a mi, ni cine ni música ni deporte
- prometí que con el cambio de vida y aires corregiría ese
aspecto de mi vida pero todo sigue igual, incluso eso - ni
mucho menos el concepto de relación; me agobio.
En el momento en el que mis niveles de promiscuidad están
tocando techo - me niego a tener que elegir y dejar
sin aprovechar, más bien probar, las opciones que se plantan
delante de mi después de tanto tiempo sola - resulta que
es él el que hace desaparecer mis miedos al compromiso, el
que me proporciona todo aquello con lo que desde aquel
puente de diciembre en el que, cobarde de ti, me dejaste vía
whatsapp llevo anelando.
¿Guapo? Sí, pero no el MIGUEL ÁNGEL de Da Vinci con el
que divagaba en mis horas de asqueo culminante. Fantaseaba
con un Miguel Ángel porque debía ser el TOP10 para poder
dar en las narices a todos aquellos me hicieron colocarme esta
coraza de sumo peso. Y QUÉ COÑO, porque me lo merezco.
Además debía ser extrobertido, el típico chico que mis
amigas quieren para ellas y con el que mis amigos se
perderían a base de cañas. Pero no, tampoco. Somos
diferentes. Definitivamente no encajaría en mi mundo.
Y parece no estar importándome porque me embalo. Lo hago y
soy consciente de ello. Madre mía para, echa el freno y piensa.
Recapacita en los meses de verano que vienen por delante.
Promiscuidad. Mucha promiscuidad. Y la distancia el año que
viene.Y los siguientes. DETENTE. >>